PADRE MIGUEL BONUCCELLI Nació en Italia el 2 de Agosto de 1916. De niño fue alumno del colegio Salesiano de Livorno donde conoció la labor que se llevaba a cabo por los jóvenes y reflexionado sobre su porvenir decidió servir a Dios en la Congregación fundada por Don Bosco.
Luego del noviciado y de haber completado el estudio de la Filosofía en Europa se postula para cumplir un sueño, una vocación, más bien un llamado de Dios: ser misionero en América del Sur.
Así fue como lo convocan para misionar en la República Argentina. A principios de 1939 a bordo del Oceanía, el padre Miguel llega a Bs. As. y a los pocos días comenzaría su destino patagónico: Fortín Mercedes, Puerto Deseado, Puerto Santa Cruz. En 1940 llega a Río Gallegos como maestro de 1º grado y para trabajar en el oratorio cumpliendo allí muchos años de trabajo, de pobreza, con un clima durísimo pero de mucha alegría.
Entre los años 1943 a 1946 es estudiante de Tecnología en el instituto Villada de Córdoba y el 19 de Noviembre de 1946 Monseñor Fermín Lafitte lo ordena sacerdote.
Los años 1947 y 1948 lo encuentran en Puerto Deseado como administrador y maestro de 6º grado.
Entre 1948 y 1951 su destino es San Julián.
En 1952 llega a Río Grande, como Director de Estudios y Pastoralista de la Misión Salesiana de la Calendaria, las crónicas relatan inviernos de casi -30º y escasísimos recursos materiales y humanos, pero Miguel Bonuccelli tiene la fortaleza y el entusiasmo de la juventud y toda la alegría y espíritu de Don Bosco que lo impulsan a entregarse sin descanso en la construcción de un presente y un futuro cada vez mejores.
Entre 1957 y 1960 es maestro y asistente de dos constructores de la iglesia en Puerto Deseado.
La Candelaria lo recibe nuevamente como director de estudios entre 1961 y 1964. Posteriormente un trienio en Río Gallegos y en 1969 llegaría a nuestra ciudad para quedarse definitivamente como director del colegio Don Bosco donde realizaría una tarea inmensa, de entrega impresionante en favor de la educación de nuestros niños y jóvenes.
Se encargó de todas las tareas edilicias, pastorales y educativas que tuvieron que ver con el crecimiento del colegio en un ambiente salesiano de fervorosa entrega y mucho trabajo.
Fundó el instituto salesiano de estudios superiores de nivel terciario dando una oportunidad para la formación de muchas generaciones de educadores, fue administrador de nuestra institución, fue párroco de Virgen del Carmen y en 1994 fue declarado ciudadano ilustre de nuestra ciudad.
Retirado en la casa salesiana de Río Grande , compartió sus últimos años en compañía de los hermanos de su Comunidad, quienes supieron brindarle el cariño, la contención y la calidez tan necesarias en la ultima etapa de su vida, comprobando que el corazón de Padre Miguel estaba siempre puesto en sus queridos "Muchachis". Al deteriorarse notablemente su salud fue trasladado a la Casa Zatti de la ciudad de Bs. As. donde en la tarde del Domingo 31 de Agosto, dejo este mundo para encontrarse definitivamente con el Señor, al que busco incansablemente durante toda su vida.
El padre Miguel Bonuccelli tenía 87 años de edad y 64 de misión y al recoger la cosecha abundante de la siembra realizada durante tantos años ha logrado el incomparable tesoro de quedarse para siempre en el corazón de toda una ciudad.
¡Gracias Padre Miguel por habernos ofrecido la amorosa entrega de tu vida!
Reseña del padre MIGUEL BONUCCELLINació el 2 de agosto 1916 en Lombrici, un pueblito que pertenece a la comuna de Camaiore, antigua ciudad romana en la provincia de Lucca (Italia). Sus padres fueron Rafael y Ana Baldi.
Conoció a Don Bosco en el colegio salesiano de Livorno, donde entró en 1930. Allí creció su vocación e ingresó al aspirantado de Collesalvetti. Pocos años después hizo el noviciado en Varazze hasta que formulara su primera profesión religiosa en el 19 de setiembre de 1936. Entusiasmado por la vida misionera, luego de dos años, le llegó la orden de Turín de prepararse para ir a la Patagonia. El 2 de agosto de 1939 llegó a la Argentina. Recibió el título de Profesor Salesiano en Ciencias Exacta y profesor de Inglés. Estando en Fortín Mercedes el P. Pedro Giacomini, Inspector de la Patagonia, lo destinó al Puerto Santa Cruz donde se desempeñó como maestro y asistente. En setiembre de 1940 lo enviaron a Río Gallegos como maestro de primer grado y para trabajar en el oratorio. También tuvo que suplir en un período al director de estudios que estuvo enfermo. Estos fueron años de mucho trabajo y pobreza, pero de mucha alegría. En 1942 estudió teología en el Instituto Internacional Villada de Córdoba, preparándose para el sacerdocio. El 24 de noviembre de 1946 recibió la ordenación presbiteral juntamente con otros treinta y dos compañeros en Córdoba: Su lema sacerdotal fue: “In Cruce evangelizabo”.
En 1947 fue destinado a Puerto Deseado como administrador y maestro de sexto grado y al año siguiente como maestro y director de estudios en San Julián. Desde 1952 lo enviaron a la Misión Salesiana de Río Grande, donde también fue director de estudios y además encargado de la pastoral En 1957 fue propuesto nuevamente a Puerto Deseado como maestro y asistente de los constructores de la iglesia. Otra vez fue a la Misión Salesiana de Río Grande, pero sólo como director de estudios hasta que en 1964 pasó brevemente por segunda vez por Río Gallegos y Puerto Santa Cruz. En 1969 fue enviado por tercera vez a la Escuela Agrotécnica Salesiana de Río Grande pero como director. Este fue un tiempo de mucho trabajo y sacrificio, dio un empuje al mejoramiento edilicio de la escuela y se dedicó en particular a la atención pastoral de los alumnos internos con la colaboración de sus hermanos de comunidad. Su carácter paciente y comprensivo se hizo ganar rápidamente la amistad de los jóvenes. También se hizo querer por el pueblo y por los grupos militares a los que atendía espiritualmente como capellán castrense. En 1972 pasó a ser director del Colegio Don Bosco de la ciudad de Río Grande. Aquí también realizó grandes trabajos de remodelación de la obra como ser la construcción de aulas, la renovación de todos los pisos del edificio, la terminación del patio Namuncurá… En este período el colegio pasó a ser bachillerato pedagógico y también bachillerato comercial. También se fomentaron otras iniciativas como ser la participación en los torneos intercolegiales, la escuela comercial para adultos, el gabinete psicopedagógico. En 1975 como recuerdo del Centenario de las Misiones Salesianas, se construyó la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. El 1º de abril de 1979 inició sus actividades el Nivel Terciario del Don Bosco de Río Grande con la finalidad de formar docentes de nivel primario, ya que la demanda del crecimiento de la ciudad lo requería. Su fundador fue el padre Miguel. Esta iniciativa suya no le ahorró vaivenes y sacrificios para lograr que este Instituto otorgase el primer título oficial de validez nacional para el entonces Territorio Nacional de la Tierra del Fuego y dar así la primera salida laboral-profesional. Más adelante esta institución crecerá agregándose, en primer lugar, la carrera docente para nivel preescolar y, posteriormente en 1993, la creación del I.S.E.S. (Instituto Salesiano de Estudios Superiores) con las carreras del área de Informática, profesorados de Enseñanza Básica, de Educación Inicial y las carreras de Abogacía y Licenciatura en Administración de Empresa a distancia en convenio con la Universidad Católica de Salta.
En 1981 viajó a Italia para visitar a sus familiares y a su regresó volvió como vicario y ecónomo para la Misión Salesiana de Río Grande. Desde 1985 fue nombrado director de esta misma casa. En la celebración de sus bodas de oro de profesión religiosa en 1986, toda la población de Río Grande se hizo presente para testimoniarle su afecto y su meritoria labor sacerdotal desempeñada… haciendo bien a todos y en todas partes. Había siempre en él algo que iluminaba su persona de hombre de bien, honesto y caballero: era el sello inconfundible de un intenso y sincero espíritu salesiano. Los testimonios recogidos en esa oportunidad coincidían en recordarlo como un sacerdote entregado generosamente a los demás y dispuesto siempre a ayudar, emprendedor y constante en su actividad apostólica. Su presentación exterior era como si quisiera reflejar exteriormente el alma de niño que llevaba en su interior. Tenía entusiasmo, confianza y veneración inocultable por Don Bosco y por los grandes salesianos patagónicos. Su espíritu sencillo y juvenil, fecundo en proyectos, lo hacían simpático y agradable con un corazón que se esforzaba por mantener siempre joven.
Cuando el Padre Inspector en 1986 le hizo el ofrecimiento de volver al Don Bosco de Río Grande le contestó: “acabo de recibir su nota del 6 de diciembre donde me explica más abiertamente el campo de mi trabajo. También me dice que al colegio Don Bosco lo tengo en mi corazón… ¿Cómo no lo voy a tener en el corazón, pues el Don Bosco era una familia, padres, alumnos, profesores y dirección? ¿Cuándo los alumnos mayores se proponen no dar trabajo y ayuda al rector porque está enfermo?... Cuando juntamente con su carta recibí otra del centro universitario fueguino de La Plata en que me comunican que en la residencia inauguraron una biblioteca poniéndole mi nombre (y esto después de cinco años que no tengo contacto con ellos)…” Aquí el padre Miguel hizo referencia a una carta recibida del centro de estudiantes universitarios fueguinos de La Plata que le comunican el haber puesto su nombre “Miguel Bonuccelli” a la nueva biblioteca del centro, “en reconocimiento a su labor docente en la Patagonia y especialmente en el ámbito de Tierra del Fuego”. En fin, al Don Bosco volvió como administrador, vicario parroquial y asesor de exalumnos. En diciembre 1987 regresó a Italia para celebrar sus bodas de oro de profesión con sus familiares. En 1992 fue nombrado párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y encargado de la pastoral del colegio primario. En este año viajó nuevamente a Italia para visitar a su familia. El 7 de julio de 1994 fue declarado ciudadano ilustre de Río Grande en el marco del 73º aniversario de la fundación de esta ciudad. Los motivos según el decreto municipal fueron: reconocer la labor desarrollada que silenciosamente y en forma desinteresada ha ofrecido sus conocimientos en pos del bienestar de esta Comunidad, por la abnegada labor educativa a lo largo de sus cuarenta y dos años de permanencia en estas Tierras, por consagrar su vida a la labor educativa sea en las aulas como en la construcción de los establecimientos, por saber transformar el concepto de escuela como hogar confortable para alumnos provenientes de distintas regiones que arribaron a la Ciudad con el anhelo de concretar sus estudios, por su entrega total a una vocación tan cara a los sentimientos cristianos que merece todo el reconocimiento de una Comunidad a la cual supo ganarse con el quehacer cotidiano. El Gobierno Municipal de Río Grande como agradecimiento le regaló un viaje a Europa, oportunidad aprovechada para visitar a sus familiares de Italia en 1995. Al año siguiente celebró sus ochenta años de vida y sus bodas de oro sacerdotales rodeado del cariño de su comunidad salesiana, de la obra y de numerosos exalumnos del Colegio Don Bosco. En este período comenzó a decaer notablemente su salud. En 1997 recibió la distinción “Divino Maestro” otorgada por CONSUDEC por su fecunda tarea docente, habiendo dictado clases durante 35 años en la Argentina: 20 años en escuelas primarias, 7 años en institutos normales y comerciales y 8 años en institutos agrotécnicos, además de haber sido secretario, bibliotecario y por muchos años director de estudios y rector en colegios de la Patagonia Austral. Los últimos días de su vida los transcurrió en la Comunidad Artémides Zatti de San Isidro hasta su muerte, el 31 de agosto 2003.
Leandro CASTRO