Primero de madera.
Precisamente el promontorio que respalda a la Calendaria debe haber inspirado al Padre Juan Zenone; imagina una gran cruz (arriba del cerro) como homenaje y síntesis a la gesta de los misioneros. Con la colaboración de Joffre (su lugarteniente), aquel que llevo al cuadro de María Auxiliadora a la ermita del cabo Sunday, hecho en manos a la obra. Un par de tablones y algunas pesadas maderas sirvieron para la estructura. Y un buen día fue finalmente puesta en pie. La cruz de madera campeaba en lo alto del cerro desde los labores del presente siglo.
El impacto de Palermo
Entre el personal salesianos fundacional de
Río Grande, se encontraba el maestro Minicci. Ese año Don
Faustino Minicci tuvo que ir al norte; aquel viaje coincidía
con el XXXIII congreso Eucarístico de Bs. As. (Noviembre de 1934).
Peregrinando por la gran ciudad, sus ojos quedaron impactados. En la zona
de Plaza Palermo, los organizadores del Congreso, había erigido
una magnifica Cruz que Cubría el monumento a los Españoles
y como una fantasía se adueño de su inquieta mente: "Esa
Cruz... en el cerro de la Candelaria... quedaria formidable", pensó
el maestro albañil.
Las angustias del maestro
Al terminar sus recorridas norteñas,
Minicci estando de regreso en Río Grande, hubo de conversar sus
intenciones. El quería hacer el cerro detrás de las casas,
en hormigón, una gran cruz y debajo un panteón. El padre
director (Javier Batting) lo escuchaba callado; consultó el proyecto
con los hermanos y todo termino con una negativa.
Los días de la Calendaria no eran fáciles;
el Padre inspector decidió rehacer la escuela, luego de conseguir
títulos. Había muchísimo trabajo: se estaba construyendo
un nuevo edificio (70m. x 15m. ) en concreto o material. fue un soberbio
esfuerzo. Los hermanos prácticamente no tenían un monumento
libre, por eso cuando Don Faustino transmitió a sus superiores la
idea de la Cruz la respuesta fue tajante: "en horarios de trabajo: NO"
El jarrito de vino
Don Minicci no era hombre de anonadarse, hubo
de cavilar mucho para tomar la determinación, ante la negativa a
su denuedo. Le quedaban dos caminos: o dejaba para otra época el
sueño de la Cruz, o se largaba al agua a trabajar "fuera de horarios
hábiles". Dejar pasar mas tiempo, seria no hacerla nunca, pensó
el anciano maestro, por eso un buen día comenzó su obra.
Luego de la cena con los hermanos, el salía presto hacia el cerro; llevando el ripio, la arena, el agua. el cemento. la madera etc.. Ademas, el panteón (un lugarcito para sus huesos) requería de otro brío imponente; había que hacer un gran pezón (de mas de 3 mtr. de profundidad y 24 mtr. cuadrados). Pasaban los meses, y Don Faustino continuaba su titánica empresa. Llega los inviernos crudos; de esperar hasta la primavera siguiente y así notaba que todo iba muy lento. Un día decidió buscar ayuda, y paso varias veces invitando a la peonada (mozos ovejeros... peones). Y ya salió el primero a brindar su colaboración. Los otros no se decidían, hasta que un buen día el colaborador de Minicci, contó al regresar del cerro, que el maestro tenia un buen postre. Era una botellita de vino de misa, que Don Faustino destapaba cuando terminaba la jornada, y llenaba al tope un jarrito de lata.
Esta novedad fue recibida como una buena noticia,
y todos los demás hombres tardaron unos pocos días, en sumarse
a la comitiva del cerro y ayudar al hermano. La genial idea de Minicci
(contada por el maestro Franccioni), dio muy buenos resultados.
Los trabajos avanzaron mucho, se termino el panteón,
y se levanto la Cruz. Hasta que un día con el revoque fino se dio
por terminada; un cerco de madera a su alrededor brindo protección
contra la hacienda. Era el año 1946.
Un panteón para el sosiego
Tan soberbio esfuerzo del hermano culmino felizmente con un grandioso monumento,
creeríamos que de lo mas grande de la Tierra del Fuego. Pronto lo
llama el Sr.; a no mas de un año de haber terminado la obra (Don
Faustino Minicci, murió en la Misión, el 18/04/47), y se
dio el lujo de concluido el sueño del artista.
Ademas, sus restos fueron depositados en el panteón
precisamente en el lugarcito que el mismo se había imaginado. Un
premio de la providencia a tan destacado Misionero. Al tiempo otros serian
sus acompañantes.
En el Panteón del cerro, descansan también
los restos del Sr. Grenoble (1949); del padre José Forgacs (fallecido
el 14/09/1971, del Coadjutor Juan Asvini (31/08/1950) y don Pascual Crema
(1974).
HECHO POR :GELVES EDUARDO![]()
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