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¿Los impuestos son un robo o son parte del bien común?

Suecia está entre los países del mundo que gastan el mayor porcentaje del PIB, en servicios sociales, superada solo por Francia, según las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El dinero recaudado, sirve básicamente, para la educación y la asistencia social. Todos los residentes suecos tienen acceso a los servicios médicos y todos los ancianos reciben una jubilación básica garantizada por el Estado. Para aquellos que pierden su trabajo, se encuentra disponible el servicio de desempleo y muchos programas de educación continua y reeducación. Además de estos beneficios básicos, muchos trabajadores gozan de otras ventajas dependientes de su salario, sector o lugar de trabajo. Ciertos hombres de negocios o empleados a nivel gerencial, por ejemplo, pueden percibir jubilaciones considerablemente más elevadas. Para financiar estos servicios sociales, todos los niveles de gobierno reciben su parte correspondiente de ingresos tributarios: la municipalidad, diputación provincial (o regional), y el gobierno nacional. Todos los impuestos, incluidos los municipales, se recaudan a través de la Agencia sueca de Administración Tributaria. El pago de los impuestos es relativamente sencillo: los impuestos sobre la renta se deducen automáticamente de su salario una vez al mes. Toda persona tributa individualmente, incluso hasta estando casada. La declaración de la renta obligatoria anual puede ser tan sencilla como enviar un mensaje de texto desde su teléfono celular directamente a la Agencia sueca de Administración Tributaria. Curiosamente, Suecia no tiene un impuesto a la herencia ni a la riqueza, y la tasa del impuesto inmobiliario ha sido reemplazada por una tarifa municipal más baja. Los impuestos sobre la renta devengados se han reducido desde 2007, como también las contribuciones de seguridad social para los jóvenes.

Países como Suecia, Dinamarca, Noruega o Finlandia, pareciera que han llegado a encontrar el “equilibrio” entre la eficiencia de la economía de mercado y la equidad del socialismo. Esta admiración lleva a muchos a pensar que en realidad tener impuestos altos no es nocivo para el crecimiento económico; sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Así, Dinamarca y Suecia son los dos países con una presión fiscal más elevada del mundo, cercana al 50%. No obstante, según el último estudio del Instituto Juan de Mariana, el esfuerzo fiscal (cociente entre presión fiscal y PIB per cápita) dista mucho de ser alto en términos relativos, debido a que los países nórdicos tienen una alta renta per cápita. En Suecia, por ejemplo, la mayor parte de la recaudación se grava sobre el factor trabajo -con elevados impuestos sobre la renta, con un tipo máximo del 56,5%, el mayor de la Unión Europea- y el consumo -con un tipo impositivo de IVA muy alto, del 25%-, siendo poco exigente sobre el capital -básicamente, el Impuesto sobre Sociedades-. Lo cual muestra, el impulso al sector productivo sueco, desde el Estado; penalizando los tributos al consumo y precautelando la producción y el empleo de la gente. 4

Suecia progresó, gracias a la economía de mercado ¿Cómo y por qué prosperó Suecia?, ¿Fue como consecuencia de una economía libre y competitiva de mercado o por las políticas del Estado de Bienestar?

Una mirada a la historia económica sueca, desde mitad del siglo XXX a la actualidad, indicaría que fue antes de instaurar las políticas socialdemócratas, y no después, cuando Suecia experimentó el periodo de mayor crecimiento económico de su historia. Un marco institucional favorable a la libre empresa y la acumulación de capital condujo a un elevado dinamismo empresarial y económico. Fruto de ello fue el nacimiento y expansión de compañías suecas ahora multinacionales como Volvo, Saab o Ericsson. Lo cual ratifica, lo afirmado en el presente libro: es el sistema económico liberal capitalista prevaleciente en el modo de organización

El intervencionismo del Estado perjudicó el crecimiento ¿Cómo se ha desarrollado la economía sueca en el contexto del Estado del Bienestar? ¿Es un modelo económico tan eficiente y próspero como se sostiene?

Fue en la segunda mitad del siglo XX cuando se expandió aceleradamente el gasto público y la carga fiscal. Hasta los años 70 se mantuvo un crecimiento elevado, consecuencia de la expansión económica derivada de la reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial -en su condición de economía que había quedado intacta por su neutralidad- y de un contexto internacional boyante. A partir de entonces, debido al empeoramiento del contexto global y adicionales políticas fuertemente intervencionistas y gravosas para el sector privado, la economía sueca vivió dos décadas de bajo crecimiento relativo, pasando del puesto 5 en 1970 al 14 tres décadas después en la clasificación de países más prósperos de la OCDE. Prueba de las carencias de este modelo fue que, tras la crisis financiera de comienzos de la década de 1990 que azotó a Suecia, se dio marcha atrás a diversas partes del modelo intervencionista sueco, y se llevaron a cabo importantes reformas liberalizadoras (en sectores clave del Estado de Bienestar como la educación o las pensiones) y de desregulación de los mercados (como el energético o las telecomunicaciones). Además, se ha reducido el gasto público y los impuestos de forma notable. Desde entonces, se han producido mejoras en el desempeño económico que reflejan estas positivas reformas estructurales. No obstante, si comparamos el nivel de riqueza de Suecia con el de Estados Unidos, la segunda está claramente por encima, siendo su PIB per cápita alrededor de un 20% superior. Respecto a la creación de empleos y la situación del mercado laboral, éste sufre problemas graves, relacionados con su rigidez, y el elevado absentismo fruto de generosas prestaciones. Las economías nórdicas son más libres que otras europeas

¿Son las economías nórdicas mucho menos libres que las europeas debido a su gran Estado del Bienestar?

Cuando se trata del grado e intensidad de la intervención gubernamental sobre la economía, en ocasiones se hace solamente énfasis en el tamaño del gasto público o los impuestos sobre el PIB. Desde este punto de vista, los países nórdicos son indudablemente los más intervencionistas. Sin embargo, también hay que tener en cuenta la influencia y control indirecto que el gobierno ejerce sobre la economía privada a través de su actividad regulatoria. En este sentido, los países nórdicos presentan mayor grado de libertad económica que otros países europeos, según el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, especialmente en lo que se refiere a la libertad empresarial y protección de los derechos de propiedad privada. Asimismo, es destacable el hecho de que estos países no hayan incurrido en grandes déficits públicos con la crisis global -Dinamarca del -2,5% y Suecia del -0,5% del PIB-, manteniendo niveles de deuda pública sobre PIB relativamente bajos -ligeramente por encima del 40%-.

Por estos motivos no es extraño que destaquen en los primeros puestos de diversos indicadores de calidad institucional y gobernanza. Por tanto, aun admitiendo que el modelo nórdico de bienestar fuera todo un éxito, lo más probable es que éste funcionara bastante peor en un país como Ecuador, España, Argentina, en fin; debido a diferencias en aspectos demográficos (siendo los países escandinavos de escasa población y mayor homogeneidad) e institucionales (como el diferente grado de control de la corrupción). En lugar de acercarnos en nivel de impuestos o gasto público a ellos, sí sería deseable alcanzar sus excelentes indicadores institucionales -en materia de elevado control de la corrupción, facilidad para abrir negocios, o protección de los derechos de propiedad- con el objeto de converger a su nivel de renta per cápita. Para este fin, unos altos impuestos, tal y como pretenden los gobiernos estatistas, no parecen la receta más acertada a la vista de estos datos y las experiencias pasadas.

Conclusión

¿Por qué se pagan impuestos en las sociedades nórdicas, en un promedio del 45% frente al PIB? Por la confianza de los ciudadanos entre sí y también respecto de la organización social que los cobija, los protege y los beneficia; tienen un Estado fuerte, pero no burocrático. Un Estado servicial, benefactor, protector e incluso paternal; una institución al servicio de la sociedad que respeta e incluso alienta la libre opinión e información ciudadana (no un Estado autoritario, ni represivo, ni acosador, ni perseguidor, ni discriminatorio). Adicionalmente, lo que reciben del Estado sueco en forma de prestaciones sociales, salud, educación u obra pública, es igualmente proporcional a la cantidad de dinero entregada en forma de impuestos. Los nórdicos, están ubicados entre los países menos corruptos del mundo, donde los gobiernos efectúan acciones concretas a favor de sus ciudadanos, al margen de ideologías o banderías políticas; y lo más importante: sin despilfarrar, sin derrochar los recursos públicos; que no son del gobierno, que son pagados -y por tanto- le pertenecen a la ciudadanía. ¡Algo muy diferente a lo que sucede por estas tierras!

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