Reseña histórica de la Misión Salesiana
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Capilla antigua en inviernoEl 16 de noviembre de 1883 la Santa Sede creó la prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional y nombró Administrador de la misma a Monseñor José Fagnano. Este desde 1886 visitó varias veces la Isla Grande de Tierra del Fuego y en 1893 eligió la costa norte del Río Grande para levantar un pueblo indígena, hoy llamada Misión Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria.

Dormitorio de niños indígenas y casa de huéspedesLa antigua edificación se levantó cerca del antiguo puente en un lugar que llamaron Barrancos Negros, sobre la margen izquierda, a unos cincuenta metros del río, donde los misioneros arribaron el 11 de noviembre de 1893. A los seis meses se trasladaron mas cerca del Puerto, al lugar llamado los "Tres Chorrillos". Allí construyeron espaciosos edificios donde albergaron a los primeros indígenas. Cuando este pequeño grupo poblacional se encontraba en apogeo, un incendio lo reduce totalmente a cenizas. El complejo habitacional se quemó el 12 de diciembre de 1896 y los Salesianos e Hijas de frente del antiguo dormitorio de los niños indígenasMaría Auxiliadora debieron trasladarse a un nuevo lugar.

El 6 de noviembre de 1897 la Misión Salesiana es trasladada a su actual emplazamiento, en las cercanías del Cabo Santo Domingo, donde actualmente se encuentra, distante del pueblo más o menos unos doce kilómetros. Fue misión indígena y escuela y en septiembre de 1946 se convirtió en Escuela Agrotécnica.
 
 

Capilla histórica de la Candelaria

Es la segunda capilla construída por los misioneros salesianos. En 1898 se techa la nueva capilla (hoy monumento histórico y museo). Es inaugurada solemnemente el 1º de Enero de 1899. Su constructor fue el Padre Bernabé. Conserva en su interiorInterior de la Capilla Histórica Nstra Sra de la Candelaria el recuerdo de los primeros misioneros -prendas litúrgicas de Mons. Fagnano- objetos de culto y de la catequesis, textos de lectura, cuadernos escritos por los indígenas. El cuadro que ornamente el altar fue traído desde Barcelona en el año 1901, y su tema es la Purificación de la Virgen María (popularmente Nuestra Señora de la Candelaria). Se conservan en la capilla: las imágenes del Sagrado Corazón tallado en madera, lo mismo que el crucifijo del altar y las estatuas de San José y de San Francisco de Sales. Se destacan también tres templetes artesanía del Maestro Faustino Minici y los antiguos armonios a fuelle.
 
 

Leemos en las "crónicas de la Misión"

"Al día siguiente muy de mañana vimos descender desde las alturas del río una columna interminable de gente cubierta con pieles de guanaco; y seguida de una infinidad de perros..., al acercarse a la orilla, y desde allí apenas el reflujo del mar lo permitió, pasar a la orilla izquierda".

  "Los más grandes ayudaban a los más pequeños, y las mujeres, con los infantes, venían cargadas de estacas, pieles, y tientos... para alzar sus tiendas. A las dos de la tarde ya todos habían cruzado el río con sus perros y utensilios, y se presentaban, algunos con el rostro pintado de negro, rojo, todos cubiertos de barro y sucios".

"Los indios en tanto, como buenos amigos, ya a menudo nos visitaban, quedándose a veces quince, veinte o más días, formando sus tolderías a dos o tres cuadras de la Misión...".

"Cuando querían irse no los deteníamos, sino que les encomendábamos de no ir más al norte..., sino al este y al sur, y cuando volviesen trajesen nuevos compañeros. Lo que hacían trayéndonos casi siempre nueva gente".

"... a las 9,30 de la noche, llega el indio Felipe con seis flechazos en el cuerpo que recibió en una pelea con otros indios en la cual perecieron Mate y Gregorio". (6 de Enero de 1906).

".... llegó un barco. No paró en puerto Misión. Fui a caballo hasta el río, donde el barco atracó; pero no había para nosotros ni siquiera una carta. Mientras tanto, nieva, nieva, nieva...".

"Hoy como a las 1 y 30 P.M. prendió fuego la casa de las hermanas y en una hora el edificio principal de la Misión fue reducido a cenizas". (12 de Diciembre de 1896).

Cartel sobre la ruta nacional 3 De todos los edificios que conformaron la Misión perduran aún: La Capilla, el dormitorio de los indígenas y de huéspedes y la casa taller para niñas y mujeres indígenas atendidas por las Hijas de María Auxiliadora. Estos tres edificios han sido declarados MONUMENTO HISTÓRICO de interés NACIONAL por decreto 2087/83.

Hoy puede visitar el Museo Histórico y de Ciencias Naturales, y ver la página de nuestro querido Padre Ticó que cumplio sus 50 años de sacerdote.

  


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 RESEÑA DETALLADA DE LA MISION SALESIANA

Retomando el camino seguido por Fagnano, resulta que éste decide realizar un viaje de inspección al lugar de la futura residencia sobre el río Grande, por lo que dispone una expedición, cuyos pormenores narró años después el padre José María Beauvoir, brazo derecho de Monseñor a lo largo de toda su obra fueguina.

A bordo de una goleta de treinta toneladas de desplazamiento, comprada en Ancud bajo el asesoramiento de un misionero altamente capacitado en la rutina del mar y conocido como Forcina, de Gaeta; embarcaron el prefecto apostólico, Beauvoir, el coadjutor Juan Ferrando, dos peones y dos indios de la Misión de San Rafael, con más de doce caballos y víveres. Zarparon el 15 de febrero de 1893 y después de cruzar bahía Inútil desembarcaron en la Isla Grande, en una ensenada del Seno Almirantazgo, al atardecer del mismo día. Dos días después iniciaron la marcha, llegando a la vista del Océano Atlántico el 25 de febrero, a la altura de Cabo Domingo.

Habían extraviado el camino, cuando un encuentro con el inspector de policía de San Sebastián, Dr. Ramón L. Cortés, los orientó. Estaban sobre el río Grande, que siguieron hacia el Este, hasta llegar a su desembocadura en las inmediaciones de puerto Golondrina, zona proyectada para el asentamiento de la Misión.

Era un sábado cuando acamparon junto al río y el domingo lo dedicaron al descanso y los servicios religiosos. Fagnano asienta en sus notas: ". . . visitamos el sitio que nos pareció conveniente para la nueva Misión. Lo elegimos cerca de un lago, como a quinientos metros del río que está llamado a ser el puerto principal de la Tierra del Fuego, como el río Negro lo es del territorio patagónico. . . " Y vale la pena reseñar aquí, el informe elevado por el Tte. Eduardo O'Connor en oportunidad de efectuar el relevamiento y estudio de factibilidad de puerto Golondrina y la desembocadura del río, año 1891, "Después de haber recorrido gran parte de Tierra del Fuego, queda el convencimiento de que la parte más adecuada para el pastoreo, es la situada en las inmediaciones del río Grande. . . Es indudable, pues, que ofreciendo este paraje tantas ventajas, debe instalarse en él, el centro principal de la población. " (Belza, 1974:273) . Convencidos sobre lo apropiado del lugar para instalar la Misión, los salesianos emprendieron el regreso pero esta vez con rumbo Norte, a los efectos de comprobar la veracidad de algunos rumores sobre frecuentes encuentros violentos entre selk'nam y mineros de la zona de San Sebastián. Cruzaron el vio Chico o Carmen Sylva y luego el San Martín, llegando a El Páramo, donde tenía instalado su establecimiento central el famoso y controvertido personaje Julio Popper y donde descansaron un día y medio "gentilmente alentados por el Sr. Bruno Ansorge, representante de. Popper. Finalmente, el 14 de marzo llegan a Bahía Inútil, donde encienden grandes fuegos como señal convenida para llamar a la goleta en isla Dawson y así concluye esta primera incursión reatando lo más difícil que consistía llegar al río Grande, con todos los enseres y adminículos necesarios para el establecimiento de la Misión. .

Con respecto a las experiencias adquiridas en los sucesivos encuentros con los aborígenes, Fagnano describe: "El ona (selk'nam) es un indio fuerte y bien formado; capaz de ser instruido. Pienso que no sea conveniente que se unan (en la Misión San Rafael) con los alakaloufes pues éstos tienen muchas enfermedades traídas por los europeos y que desgraciadamente se transmiten de generación en generación" (Borgatello, 1929:214). En unos apuntes del padre Borgatello, pertenecientes al año 1914 y depositados en el Archivo Central Salesiano, Roma, 273/12/1 (12) Mons. Giuseppe Fagnano, se lee el siguiente comentario: " Y sucedió que sin conocer aún dónde se pondría en pie, ni contar con la posesión del campo que se iba a ocupar, fiándose tan sólo de una simple autorización verbal de ocupación por parte de un representante del gobierno nacional, Monseñor se lanzó a la aventura. " Belza relata, . . . por 22 libras esterlinas y seis chelines diarios, Fagnano alquiló el mejor navío de Punta arenase, el Amadeo, el que "tenía los vientos en las bodegas" según loe marinos locales, por tratarse del único barco a vapor matriculado en Magallanes.

Cargaron postes y vigas, 19.500 pies de madera, tres mil tablas, chapas de zinc acanaladas y todo lo necesario para construir las primeras casas. Encima de los materiales colocaron los víveres y a un costado de éstos, carretas, útiles y herramientas, doce caballos, diez cabras, varios perros y unos cincuenta vacunos.

La expedición, que parte de Punta Arenas el 9 de Junio de l893, estaba integrada por el padre Giuseppe María Beauvoir, designado superior y director del futuro asentamiento evangelizador; el padre Juan Bernabé, hábil constructor y director de las obras que se realizaron; los catequistas Antonio Borghese y Pablo Ronchi, de capataz carpintero y cocinero respectivamente; el hermano Juan Ferrando, joven coadjutor salesiano, haría las veces de maestro catequista y de mayordomo de la estancia proyectada. Completaban el grupo, los aspirantes Jacinto Villacura, Cesár Lobos y José Miguel Luis Calafate (Kalapacte), ona puro, que se desempeñaría como principal lenguaraz de la Misión de Río Grande.

Luchando contra los fuertes vientos del sur, el AMADEO llegó a la barra del Río Grande pero contra todo lo previsto su capitán se negó rotundamente a introducirse en él -hasta puerto Golondrina- si previamente no se le aseguraba la totalidad del barco.

Beauvoir, sospechando un ardid del comandante para hundir la nave y cobrar por ello una pingüe indemnización, no aceptó tal imposición y luego de una acalorada discusión, seguida de una noche de reflexión, el referido capitán sin más demora inició el regreso a Punta Arenas. Remontando la costa atlántica hacia el Norte, en San Sebastián, el práctico de a bordo (Pellegrino Masías) insinuó al sacerdote y éste aceptó, bajar todo el cargamento en arroyo Gama para transportarlo posteriormente en carretas hasta el lugar escogido. Pero fue un grave desatino.

Cuenta la crónica del padre Borgatello: "No alcanzando la nave a colocarse junto a la costa, que era de escaso fondo, se descargaron 3000 tablones sobre ocho barcazas, confiando que el oleaje las acercase a la orilla. Pero sucedió que, llevadas mar adentro, se perdieron todas. Colocose así mismo una cantidad de chapas de zinc sobre unos flotadores con tanto exceso, que todo se lo tragó el mar. De nueve vacas que se bajaron, dos perecieron atadas juntas a una lancha que tumbó y milagro fue que no corriera igual suerte el coadjutor Borghese. Muchos víveres también arrastró el oleaje. " Con lo poco desembarcado se construyó un cobertizo y mientras el AMADEO seguía su ruta a Punta Arenas con padre Bernabé en demanda de auxilio, el resto de la expedición se dispuso a esperar su regreso.

El padre Beauvoir escribe en sus Memorias (Archivo Central Salesiano, Roma, 275 - D. Giuseppe M. Beuvoir; cuaderno 4): "Debíamos tener paciencia y esperar cuatro largos meses, contando las semanas y los días que necesitaba Don Bernabé para llegar a Punta Arenas, hablar con Fagnano, preparar una nueva embarcación y correr en nuestra ayuda." "En ese tiempo expedí varias cartas por medio de marineros que aquí vienen y vuelven por tierra, pero no obtuve ninguna contestación. Entre tanto los víveres escasearan. . . Decidí entonces ir yo mismo a Punta Arenas (por tierra) cuando eran los últimos días de septiembre. Tomé prestados caballos del encargado de El Páramo y partí junto a un joven marinero. Ya en Punta Anegada, una lancha me llevó hasta la Delgada (en el Sur del continente) con lo que pudimos, sin dificultad, cubrir el resto del camino. " Una vez arribado a la ciudad magallánica, Beauvoir, tomó conocimiento de que el prefecto apostólico había entrevistado a "todos los armadores de buques, solicitando y rogando que a cualquier precio lo ayudaran a salir del atolladero" pero sin respuesta afirmativa.

Ausente Fagnano, tomó cartas en el asunto el padre Borgatello pero sin adelantar un paso. Por lo que Beauvoir decidió partir, él mismo, con la goleta MARIA AUXILIADORA cargada hasta el tope.

Lo acompañaría el marino portugués Manuel Pereyra con su goleta KING FISHER, en la que embarcaron el propio Beauvoir y el padre Guillermo Del Turco. Zarparon de Punta Arenas el 27 de octubre de l893 y capeando fuertes temporales llegaron a bahía San Sebastián, donde recogieron a los hermanos que habían permanecido en arroyo Gama, junto a la carga que pudieron conservar. Luego y no sin menos obstáculos, enfrentaron la barra del Río Grande, superándola para fondear finalmente en puerto Golondrina ". . , a las 7 de la mañana del 11 de noviembre, fiesta de San Martín. " Una vez allí, se desplazaron hasta los Barrancos Noche, donde debía establecerse el asiento de la Misión y levantaron la primera casa "sobre la margen izquierda, unas seis millas arriba de la desembocadura y a unos cincuenta metros del río. " El domingo 12 de noviembre, fiesta del Patrocinio de María, se celebró la primera misa "sobre la playa de este río que será nuestra Misión" anota Beauvoir al tiempo que abriga: "Ya empecé a trazar el área del galpón norteño a una cuadra de una pintoresca lagunita, donde pienso establecer la casa misión apenas tenga todo el material que necesito. " El lunes 13, desembarcaron el resto del cargamento que permanecía aún en las goletas y se dedicaron inmediatamente a la construcción de la nueva colonia.

Todo parecía resuelto en la Misión, que los salesianos bautizaron Nuestra Sra. de la Candelaria a raíz de la promesa que el padre Antonio Ferrero (primer director de la misión de Dawson) le realizara, al salvar su vida, tras ser embestido por una vaca enfurecida ante el ataque de los perros. Aunque faltaban los destinatarios de la misma, a quienes aparentemente había tragado la tierra.

Transcurrieron así cuatro meses, sin que se hubiera producido ningún acercamiento con los nativos, cuando un día, luego de probar todo tipo de estratagemas "se presentaron en la margen derecha del río, frente a la casita situada a la izquierda, tres sujetos vestidos como cristianos y detrás de ellos otros seis indígenas seguidos de mujeres, niños y una aran cantidad de perros. " Se repartieron cobijas y galletas para todos, los que prometieron volver con el grupo mayor al día siguiente, como sucedió conforme a lo relatado por Beauvoir: "Al día siguiente, muy de mañana, vimos descender desde las alturas del río una columna interminable de gente cubierta con pieles de guanaco. . . " La desconfianza de todos se transformó en algarabía cuando, tras palabras amistosas, comenzó el reparto: una frazada entera para la gente grande, mitad para los niños y galletas para todos. Poco después, las mujeres se entretenían levantando sus toldos a unos doscientos metros de la Misión. Y, de esta manera, el 25 de marzo de 1894 empezaron los misioneros la catequización en el marco del asentamiento de la Candelaria.

Mientras tanto, Monseñor Fagnano movía desde Punta Arenas todos los resortes necesarios para asegurar el abastecimiento de los hermanos del río Grande. Es por ello que, el 22 de julio zarpa de Punta Arenas a bordo de la tan suspirada embarcación de 150 toneladas, 450 caballos de fuerza y 300 toneladas de capacidad de carga, la cual, registrada bajo el nombre TORINO cumplió una destacada labor en apoyo de las misiones salesianas de Dawson y Río Grande. Cuenta Beauvoir en sus Memorias, que la llegada de Fagnano a la Misión de la Candelaria (10 de agosto) fue un verdadero acontecimiento y que antes de regresar a su sede, el prefecto apostólico le asignó un nuevo lugar al asentamiento, a la vera de tres manantiales, distante "del puerto más o menos una legua" en el paraje conocido como los Chorrillos (inmediaciones del actual cementerio).

Una vez en Punta Arenas, Monseñor, le confiere al padre Bernabé la responsabilidad de la construcción de una iglesia, galpones y casas para los salesianos, las hermanas que llegarían luego y para habitación de los indios. Calculaba alrededor de cien casitas para estos últimos, aunque se necesitarían acaso muchas mes. Para ello, el flamante vaporcito TORINO fue alistado con todos los materiales necesarios en la construcción de la nueva colonia salesiana a donde llega, el 26 de octubre, con el cargamento sobredicho más gran cantidad de hierro, víveres y vestuarios.

Sobre la marcha, lógicamente, fue aumentando la confianza de los aborígenes cuando el 3 de abril de l895 llegan las primeras hermanas, Hijas de María Auxiliadora, a cargo de sor Luisa Ruffino acompañada por: sor Rosita Masobrio, Vicaria y cocinera; sor Roea Gutiérrez, maestra y una joven aspirante, bautizada por las monjas con el nombre de María Auxilia, las que fueron recibidas por los onas con "respeto reverencial y un cierto cual inexplicable cariño".

Concluye así el duro período inicial de la Misión del río Grande, cuando su motor, D. Giuseppe María Beauvoir, es sabiamente relevado de su cargo por Monseñor Fagnano, con quien regresa a Punta Arenas el 13 de julio de l896. "Me alejo no sin pena (escribirá Beauvoir) gran parte de mi corazón está aquí, pegado a estos queridos indiecitos. " La Misión Nuestra Señora de la Candelaria de Río Grande estaba fundada en toda la amplitud del sentido de la palabra. " (Belza, 1974:355). Recibirá la dirección de la casa el padre Fortunato Griffa y por etapas se fueron manifestando grandes acontecimientos entre los aborígenes, quienes entraban a pie firme en la vida civil de la Candelaria.

Todo transcurría normal y felizmente, cuando el 12 de diciembre 1896 se declaró imprevistamente un incendio de tal magnitud, que en menos de una hora redujo el agotador empeño de varios años a un estado de escombros. Daba la noticia el padre Griffa (desde la Misión) al padre Borgatello, tres días después: " El día 12 último a la una y media de la tarde, no se sabe cómo, tomó fuego la casa de las Hijas de María Auxiliadora y en menos de una hora todo el vasto edificio de madera destinado a las hermanas y a las indias, la iglesia, a casa de los salesianos y el hospicio de los niños, quedaron reducidos a cenizas".

Continúa la Crónica: " El momento era tan terrible como para perder la cabeza. Se agotaron todos los medios imaginables para extinguir el fuego y aún los nativos dieron muestras de gran actividad empeñándose en el transporte de objetos y muebles; de suerte que pudieron arrancarse de las llamas diversos enseres de primera necesidad. " Pero esto sólo correspondía al pasado, dado que quedaba la patética realidad del presente: "Y henos aquí, ahora, de nuevo en el desierto, sin casa y sin medios de subsistencia, rodeados de una turba de indios famélicos que nos piden pan y vestimentas -pan material y pan espiritual- al que nosotros no nos es dado acudir. Es ciertamente desgarradora nuestra situación, el se piensa que ya teníamos 165 indios, sin contar los nómades de siempre. " "¿Qué hacer? ¿Deberemos abandonarlos ahora que tanto han progresado en el estudio de la religión y de la civilidad? ¿Deberemos retirarnos de esta Misión, que tanto promete así para la iglesia como para. la civilización de los nativos y el bienestar de la sociedad? Nunca!!! La Providencia vendrá en nuestra ayuda. " (Archivo Central de las Hijas de María Auxiliadora, Bs. As. , Crónica Misión de la Candelaria (1695 - 1912)

Entre chapas retorcidas y tablas quemadas, vivieron misioneros e indios, hasta que en el mes de julio de 1697 llegó Fagnano y escogió el nuevo sitio para el asentamiento de la misión ". . .tres cuadras al norte del actual potrero, en la desembocadura del cañadón. . . " o sea, en su emplazamiento actual a unos diez kilómetros al norte del río Grande, junto al mar y cercano al cabo Domingo. Y tanto se activó la obra, que el 9 de noviembre del mismo año, figura triunfante en el Diario de la Misión: "Hoy nos trasladamos a la nueva casa. " Para cubrir los ingentes gastos producidos por el siniestro y asegurar la subsistencia de los moradores de la Misión, Monseñor, consiguió dos empréstitos: uno del Banco de Novara (Italia) y otro de particulares, por un monto total de 360.000 liras. Compró además en islas Malvinas más de 4000 ovejas, las cuales, con otro lote de animales pagados a vecinos de la Isla Grande constituirían con los años un fondo seguro de producción, para el saldo de las deudas contraídas y el mantenimiento de la obra misional.

Este vuelco a la ACTIVIDAD COLONIZADORA como medio de protección al FUNDAMENTO EVANGELIZADOR resultó tan acertado y tan bien implementado, que la Candelaria llega a autoabastecerse en el año 1901 y en 1904 comienza a devolver con sus propias ganancias los enormes gastos de instalación que hubo demandado en su momento.

El 5 de junio de 1900, la Crónica de la Misión señalaba 90 indios externos, más 43 niños internos y 35 internas: 166 en total.

Sobre las enseñanzas religiosas impartidas a niños y adultos se agregaba la escuela, en donde aprendían lectura, escritura, cálculos y geografía. Todos los días había que ejercitarlos en las tareas manuales y llevar a lotarearse con el coadjutor Ferrando "para que aprendan los trabajos del campo. " En 1904 el casco central de la Misión emergía como una pincelada roja en el marco verde e inconmensurable de su entorno geográfico.

Los salesianos habían levantado ya la friolera de 35 edificios, 6 de dos pisos; galpón de esquila, baño de ovejas, puesto Loreto en cabo Domingo, santuario al Redentor, matadero, galpón del puerto, casa reconstruida con los restos de la Misión quemada, horno antiguo, taller de las hermanas, enfermería de mujeres, cocina común, aulas y talleres de los varones, varias casillas depósito, horno nuevo, casillas para vigilancia de lotes y finalmente la iglesia, que había sido inaugurada solemnemente el 1 de enero de 1899. Además de ello, se tendieron ciento diez kilómetros de alambrado y cercaron 20.000 hectáreas, subdivididas en una docena de lotes, con 1575 rollos de alambre, 6190 postes y 12000 piquetes.

En poco tiempo los campos se poblaron de ovejas, yeguarizos y vacunos, mientras que Fagnano consolidaba sus planes de organizar una fuente de medios de manutención, no sólo para el sostenimiento misionero, sino también para los nativos que debían "capacitarse hasta poder valerse por sí mismos y lograr la independencia. " ( Belza, 1975:335) Pero esa facilidad con que Monseñor Fagnano se había instalado en la zona de Río Grande y mudado posteriormente sus asentamientos, amparado únicamente por una autorización verbal de Sáenz Peña y el hecho de haber sido el primero en establecerse, comenzó a interrumpirse a medida que comenzaron a llegar los ocupantes de las tierras fiscales (producto de los remates promovidos por el Poder Ejecutivo de la Nación, a través de la Dirección de Tierras y Colonias, en 1697 y 1699) procedentes de Punta Arenas y fundadores así mismo de las primeras grandes estancias magallánicas y fueguinas.

Rápidamente los salesianos advirtieron que sin una concesión especial, por parte de las autoridades nacionales, estaban edificando sobre un tembladeral.

El prefecto apostólico, que a partir de 1892 había mantenido repetidas e infructuosas instancias para alcanzar la propiedad de las tierras de la Misión, eleva una solicitud el 14 de octubre de 1897 que alcanza a remover una disposición de gobierno por la que se reservaba "para usos fiscales el Lote XLI de Tierra del Fuego" el mismo donde se radicaba la Misión y que significaba, su sentencia de muerte. Y cabe señalarse aquí, que no sólo las autoridades nacionales jamás apoyaron abiertamente la obra salesiana, sino que también es cierto que no todos veían con buenos ojos el afianzamiento de la Misión de Río Grande.

Un año y medio después, Fagnano, vuelve a solicitar al presidente Roca, en carta del 25 de mayo de 1899, la "concesión de unos diez lotes de terreno sobre el río Grande, mirando al Este con la propiedad de Menéndez y al Oeste con los límites del territorio chileno: cinco lotes al Norte del río y cinco al Sur, por veinte años" (Archivo General de la Nación , Bs. As. , Archivo Julio A. Roca, Leg. 67 - Correspondencia recibida). Esta última nota, conjuntamente con sus fundamentos, logró ablandar el corazón del presidente quién envió un mensaje al Congreso de la Nación con el proyecto de conceder a Fagnano "en representación de los misioneros salesianos de la Tierra del Fuego, el uso de la superficie de 19.454 hectáreas de terreno", que precisamente constituían el lote reservado por Decreto del 6 de abril de 1697 al fisco. El Senado aprobó el proyecto pero la Cámara Baja lo archivó. Visto entonces que ni siquiera podía reafirmar el uso de los terrenos que ocupaba, Fagnano decidió comprarlos. No existía otra posibilidad.

Esclarecieron este punto los padres Juan Aliberti y José Crema, moradores de Río Grande en la primera década del presente siglo: "El gobierno argentino no dio ningún subsidio ni para la adquisición de los terrenos del río Grande. . . ni para la construcción de las casas y de la iglesia. Se adquirió el terreno a la manera de los otros propietarios y por el mismo precio. Una circunstancia imprevista vino a dificultar, aún más todavía, los trámites de compra. Por ley nacional del 3 de enero de 1903, el Poder Ejecutivo Nacional no podía vender más de 2500 hectáreas de tierras fiscales a un mismo propietario. Lo que llevó al prefecto, a solicitar 20.000 hectáreas para ocho salesianos qué iban a figurar como propietarios ante la ley.

"Monseñor Fagnano, superior de la Misión salesiana en Tierra del Fuego, ruega a Vuestra Excelencia se sirva tomar en cuenta que si adquirí derechos sobre los lotes XLI y XV de Tierra del Fuego por haberlos ocupado y pedido, los renuncio a favor de los colonos: Juan Ferrando, Guillermo Del Turco, Juan Zenone, Santiago Dalmasso, Javier Vigne, Juan Villa, Pablo Ronchi y José Riva. " No sin pocas trabas burocráticas intermedias, finalmente se aprueban las escrituras el 16 de octubre de 1913 y cuando el coadjutor Ferrando se va de la Congregación se transfiere su parcela al padre Mayorino Borgatello.

Constituyó esta compra el epilogo de trabajosos expedientes y continuas zozobras. Lo recordaría años después el padre Bernabé :

"Se estaba siempre en peligro de ser desalojados o por codicia de algunos o el sectarismo de otros, que no podían ver con agrado el gran bien que se hacía. . . " Ahora bien, este verdadero triunfo sobre los intereses adversos a la obra misional, se opaco en la contraposición de una población aborigen en franca declinación.

A mediados de la década del noventa, se sumó a la persecución de la que eran objeto los aborígenes, una mortandad devastadora provocada por la gripe que, a fines del siglo pasado, había asolado al mundo y que en la mayoría de los casos se complicaba con tuberculosis. Este factor biótico, se potenció aún más con el nomadismo ancestral que animaba a los selk'nam y las características geográficas de Río Grande que, enclavada en la estepa fueguina, permitía la libre circulación de los nativos desde los centros de contagio de las enfermedades infecciosas a sus asentamientos naturales, transformándose de esta forma en agentes de transmisión.

El gobernador de Tierra del Fuego, Fernández Valdés, alude en un informe a la incidencia de las enfermedades europeas en la extinción de la sociedad aborigen: "Es así como los misioneros salesianos, no obstante sus laudables esfuerzos para conservar esta raza y reducirla a vida civilizada, han visto morir a casi todos los indios de las misiones que tuvieron en Río Grande e Isla Dawson en muchísimo menos tiempo que el que emplearon en formarlas. " Evidentemente, con la agonía de la sociedad aborigen, la Misión comenzó a tambalear y en vista de ello, Fagnano, intentó repetidas veces reclutar gente en los bosques sin ningún éxito.

En 1906, vivían en el hogar de la Candelaria 27 onas. Y para entonces, el prefecto apostólico había concebido un nuevo estilo misional que, tal vez, debió implementar desde un principio para evitar el desarraigo: la misión volante.

Esta innovación, inspirada en asegurar la continuidad de la obra, convertía a la antigua misión en un establecimiento de producción intensiva, destinado a mantener varias "casaa sucursales" como bases de operaciones para los misioneros en campaña.

El 3 de mayo de 1907, el padre Juan Zenone inicia la primera experiencia netamente apostólica del nuevo periodo.

Comenta Esteban Lucas Bridges (hijo del misionero anglicano Thomas Bridges): "En 1907 recibí en Ea. Viamonte la visita del padre Juan Zenone, de la Misión Salesiana, establecida en el norte de Río Grande. Era un italiano de tez blanca, de edad mediana, delgado y de estatura regular, un hombre alegre y bondadoso que sentía verdadero afecto por los indios y deseaba realmente hacerles el bien. Lo acompañaba un hermano lego llamado Dalmazzo, algo mayor que él, de ojos grises y pelo castaño. Labriego, jardinero, rústico carpintero, digamos mejor un "carnicero de la madera", para todo siempre dispuesto y en todo infatigable. En realidad, era un esclavo que se esforzaba por servir a la Iglesia y de paso ayudar lo más posible a su superior.

Cuatro días después, Zanone regresa a Río Grande y luego de descansar y reaprovisionarse, realiza sucesivos viajes cortos a la zona de cabo Inés, río Fuego y Viamonte, catequizando, bautizando y repartiendo ropa.

Pero la gran expedición fue la que emprendieran entre febrero y mayo de 1909 por encargo de Fagnano, quien había solicitado que exploraran la región comprendida entre el río Fuego, cabo Inés, lago Fagnano hasta Harberton y puerto Brown, con vista a una nueva fundación para aborígenes dispersos.

Acompañados por un guía indio, Elsiot, demoraron ochenta días en cumplir con la gira encomendada, durante la cual, el sacerdote realizó "treinta y tres bautismos y un matrimonio" Luego de haber barajado diversos nombres y lugares, para la instalación de la "casa sucursale", Zanone y Dalmasso se establecieron en río Fuego el l0 de marzo de 1910 y en 1913, va a aparecer dicho asentamiento en los catálogos de la Sociedad Salesiana bajo la denominación de "Misión Santa Inés".

Mientras el coadjutor se dedicaba a la construcción de la capilla, gracias a los materiales donados caritativamente por Bridges, el misionero daba vueltas por los alrededores catequizando y bautizando a los nativos. A fines del año 1910, abrieron las puertas de una escuela que con diez a trece alumnos fue un punto de avanzada en la instrucción de los aborígenes, quienes allí aprendían a leer, escribir y contar, además de la obligatoria doctrina religiosa.

Incansable, el 31 de octubre de 1910, Fagnano notifica al padre Zanone que había obtenido el uso del "terreno alrededor del lago . . , que se debía ocupar pronto. " Este era otro punto neurálgico de reuniones indígenas, al sur de los arrendamientos de Feliciano García y Juan Cordeu. Conformado por 20.000 hectáreas aproximadamente y con el apoyo de las familias Reynolds y Bridges tanto Zanone como Dalmasso pusieron manos a la obra, construyendo la primera casa misión en la cabecera del lago. Entre junio y septiembre de 1916 se levantaron la capilla, la escuela, cuatro habitaciones para los salesianos y en poco tiempo, a partir de los animales de cría comprados a Ea. Viamonte, es autoabastecieron.

Pero esta obra fue llevada a cabo merced a un sacrificio desmedido, desde el principio al fin, como testimoniara Zanone en sus cartas a Monseñor: ". . . vivimos en carpas y en un rancho que sirve para cocina a orillas del lago; más el frío nos impele a preparar una casa algo abrigada para el invierno. . . vida llena de privaciones y sacrificios. . . Los indios están mejor en la Misión que nosotros aquí. . . "

Lo curioso es que, en la crónica llevada por el salesiano, no figure organizada alguna vez la Misión San José o del lago. "Hay viajes seguidos de Dalmasso con cargueros animales y vituallas. Pero nunca se menciona una comunidad de indios puesta en el lugar, por más que pasase allí sus buenas temporadas el padre Zanone. " (Bruno, 1964:446).

Lo más probable es que no llegara a formalizarse, conforme afirmó indirectamente el inspector, padre Luis Pedemonte, que heredó el gobierno de la región luego del fallecimiento de Fagnano (la de septiembre de 1916) el cual, visitando a Río Grande entre el 9 y el 23 de marzo de 1924 se proponía el "traslado de la residencia de la Candelaria a las inmediaciones del lago Fagnano, donde se intentará la realización del proyecto que tanto acariciaba el inmortal prefecto apostólico de Tierra del Fuego. " Pero en realidad, el vacío dejado por Fagnano se notó en todos los estamentos de poder, incluyendo el ambiente salesiano. Solos, Zanone en río Fuego y Dalmasso en el lago, sin formar comunidad, vieron derrumbarse rápidamente lo que fuera el producto de años de trabajo y dedicación.

Zanone, partió rumbo a Italia en 1923 y fallece el 23 de marzo de 1941. Luego de su alejamiento, Dalmasso, desencantado, vende las ovejas a la familia Reynolds, entrega el dinero al inspector salesiano y se traslada a la casa de formación de Fortín Mercedes, sobre el río Colorado, donde trabajó sus últimos años.

Volviendo a la vida de la Misión de la Candelaria, el 5 de marzo de 1910, llega a ésta su nuevo director, el padre Crema y durante su gestión se produce un hecho trascendente como lo fue la fusión en 1911 de los dos núcleos de adoctrinamiento fundados por los salesianos, ante el cierre definitivo de la Misión de San Rafael, en la isla Dawson, Rep., de Chile.

Según las crónicas de esta última, el 23 de septiembre de 1911 se embarcaban el director, padre Marcos Zanchetta; la directora, Sor Luisa Bossio, con los salesianos, hermanas e indios, rumbo a Punta Arenas. Una vez allí, los aborígenes fueron transbordados inmediatamente al AMADEO para seguir viaje hacia la Misión del río Grande.

Con los recién llegados la Candelaria cobró nueva vida, pero a pesar de ello, las observaciones realizadas por el R. P. Ricaldone en su visita de inspección no son del todo halagüeñas, especialmente en cuanto a la imagen del padre José Crema del cual opina que "no parecía hecho para dirigir una casa" favoreciendo su conducta a la impresión de tratarse la Misión de una estancia en la cual prepondera lo material exclusivamente, relegando a un segundo plano la función fundamental de la catequización y observancia de las reglas religiosas que la habían inspirado.

Otro hecho conflictivo atribuido al padre Crema, fue el que generó a través de una medida adoptada el 19 de febrero de 1912, cuando determina que: "Desde hoy se comenzará a pagar a los indios según el trabajo que cada uno haga. " Esta innovación provocó muchas y muy serias discusiones internas, dado que los salesianos temían el efecto del "boliche" sobre los desprotegidos aborígenes, por lo que para contrarrestarlo, se habilitó un almacén dentro de la misma Misión donde éstos podían abastecerse de todo lo necesario con excepción de bebidas alcohólicas, salvo el consabido "vino aguado".

El 26 del mismo mes de febrero, el padre Fortunato Griffa vuelve a hacerse cargo de la dirección de la casa, en lugar del padre Crema. Pero sólo estuvo hasta el 17 de enero de 1913, cambiándole el lugar de revista al padre Mayorino Borgatello que se desempeñaba como párroco de Punta Arenas.

Lo más notable de este periodo fue el haberse inaugurado, el 27 de mayo de 1913, el "nuevo local del observatorio meteorológico con todos sus instrumentos. "

Por otro lado, se asienta en el Diario de la Misión: "Ya va pelechando la nueva población de Río Grande con unos cincuenta vecinos, entre gente del lugar y empleados. La forman una comisaría la casa de Bilbao y dos casas de los Menéndez, para recibir y despachar objetos de trato o venta. " Mientras tanto la población aborigen estable de la Misión ascendía a 62 indios, según el censo practicado el 26 de febrero de 1913.

El 12 de febrero de 1914, deja el padre Borgatello la dirección de la Candelaria y se dirige a Punta Arenas, para regresar definitivamente a Italia. Lo sucede por un tiempo el padre Zenone hasta que el 27 de septiembre de 1915, se hace cargo el padre Marcos Zanchetta.

Durante su gestión y como no era para menos, repercutió profundamente la desaparición de Monseñor Fagnano ocurrida en Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1916. Sin la protección de su fortaleza y accionar decidido, los salesianos vieron crecer el poder de "los enemigos de las misiones fueguinas" y complicarse los diversos problemas que habían quedado pendientes, fundamentalmente los pecuniarios. Pero además la Misión se acercaba piadosamente al final de su existencia, como lo había vaticinado el padre Borgatello: "Uno lo presagia, ya no es posible atraer a los nativos pues en su ignorancia creen que en la Misión sólo se muere. . . "

En las crónicas de la Candelaria (Archivo Histórico Salesiano, Río Grande) se asienta; "La comunidad se compone de cinco socios y el director, cuatro niños y las hermanas que son cuatro con cinco niñas y cinco mujeres. "

No obstante la escasez de aborígenes, el padre Zanchetta creyó alcanzar resultados positivos en la Misión y así se lo informa a su superior, don Albera, el 11 de abril de 1919: "La Misión, Reverendísimo Padre, ya puede llamarse así y no estancia como anteriormente. Ha mejorado sensiblemente el espíritu religioso y las pocas almas que quedan y que se reducen a siete mujeres, un hombre y tres muchachos (aborígenes) todos asisten diariamente a misa y realizan sus lecturas. Las Hijas de María Auxiliadora tienen además de las indias adultas siete niñas huérfanas, no todas indias. "

Finalmente, en 1922, las casas salesianas fueguinas quedan reducidas a la Misión de Río Grande, desde donde se atendieron los lotes del lago Fagnano hasta 1926. Y recién el 25 de enero de 1926 se soluciona definitivamente la amenaza que se cernía sobre la Candelaria, cuando el supervisor provincial R. P. Aliberti presenta un plan formal para convertir la Misión de Río Grande en una Escuela Agrotécnica.

Por Decreto Territorial del 7 de marzo de 1926 se constituye la primera Comisión de Fomento de Río Grande, con la cual la aldea comienza a adquirir rasgos de vida comunal propia. Tiempo después, entre los años 1936 y 1943, se construye el amplio edificio central de la Misión, en dos plantas de cemento armado, bajo la dirección del salesiano Faustino Minici. Y con respecto á las actividades que en esa época se desarrollaban en la Candelaria, cabe destacarse, que funcionaba una escuela para los niños de los pobladores y peones de estancia.

En 1946, el Consejo Nacional de Educación reconoce dicho establecimiento y la enseñanza primaria que imparte, según expediente No 16052/46. El período escolar se iniciaba en septiembre y finalizaba en mayo, bajo el régimen llamado Período de Verano.

Posteriormente el Consejo envía la primera inspección escolar a cargo del Inspector de Escuelas Particulares, Dn. Juan Giménez Medina y en el acta firmada, con fecha 24 de abril de 1947, menciona que el ciclo primario contaba con 16 alumnos, de los cuales sólo dos eran argentinos. El Director y maestro de quinto y sexto grado era el padre César V. Campo, siendo maestro de loe grados inferiores el salesiano Marino Francioni.

Paralelamente y por iniciativa del mencionado padre Campo, se crea una Escuela Agropecuaria con un plan de tres años de estudio, orientado a preparar técnicos en el manejo de explotaciones ovino ganaderas, principal actividad rural del sur argentino. La misma, era fiscalizada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, según Resolución 934/46 y comienza con cuatro alumnos.

En 1960, la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada reconoce la Escuela Agropecuaria y la incorpora bajo la denominación de Instituto Nuestra Señora de la Candelaria.

Aquí se inicia otra etapa en la vida institucional, ya que entra en vigencia el plan de estudio nacional "bachillerato agrotécnico" por Decreto 4276/60 con cinco años de duración. Número de alumnos regulares: l0 (diez) En 1967, se cierra definitivamente el ciclo primario, con el objeto de dedicar las instalaciones -exclusivamente- al nivel secundario. Así mismo, se cambia la modalidad implementando un nuevo plan (4121/66) de seis años, que otorga el título de AGRONOMO ESPECIALIZADO EN GANADERIA.

Por último, en el año 1963, se logra el reconocimiento provisorio por parte de las autoridades del Ministerio de Educación, del plan denominado "Bachillerato con orientación agrotécnica" R. M. 657/63 que es el actual.

Matías Granea y Gustavo Guereta 
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