Página Principal - Índice padre Zink padre José Zink EL HOMBRE QUE ME HIZO VOLAR Fragmento del articulo publicado en el diario provincial "El Río" año 2- n° 16- Río Grande- sábado 07 de agosto 2004. |
Ya cuando llegó nos hizo cantar. [...] yo por entonces estaba en el grupo de los mas chicos: planta baja del colegio Ceferino Namuncurá, donde el padre José Zink pasaba a desempeñarse como consejero, maestro suplente de cualquier grado y materia, catequista sobre la segunda mitad del año, y en cada tarde, antes de iniciarnos en el aprendizaje: director de coro. El repertorio lo había elegido e impuesto él, y eran todas canciones profanas: El arriero de Atahualpa Yupanqui, la Canción del Linyera - en una versión for export en la que, donde debía decirse "linyera" se decía "gitano" ( el tema popular Alemán) tal vez aprendido por él en su ámbito doméstico, conocido como Mi querido Agustín [...] Y bueno.. alguna que otra cancioncilla de ocasión. No eran temas que estuvieran de moda, ni que inicialmente los conociéramos. El padre sin decir mas, agachaba un tanto la cabeza, juntaba su papelería sobre una mano, y con la otra iba marcando los compases del canto colectivo, pasando entre las filas - prolijas, alineadas, equidistantes- en las que nos agrupábamos según nuestro grado. No tengo presente cuánto podía durar este momento, siempre se cantaba más de una canción, o la misma un par de veces. Nunca se nos dio letra, y se iba aprendiendo a partir del otro, y nuestro coro servía al mismo tiempo para liberar las asperezas siempre frecuentes de toses y resfríos. Era un momento sin invocación a la patria, sin sermones, del cual no participaba el resto de la comunidad educativa. Tal vez era un precalentamiento didáctico, o simplemente un tiempo changüí para que fueran llegando las maestras que trabajaban en la otra escuela - la 2- de la que salían bastante jugadas con el reloj. [...] El ensayo coral terminaba con rápidos ejercicios de locomoción, luego con voces de mando militarizadas nos iban dando "¡mediavuél..!¡cuartográ..!" que nos orientaban hacia las aulas, como si los apócopes fueran más imperativos que el camino que ya conocíamos de memoria. [...]
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